La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

3 de febrero de 2018

¿Por qué no todos hacen una revolución?


Hace un par de días presencié un fenómeno social espontáneo: una protesta de usuarios contra los malos tratos de una asociación de transportistas. Lo más llamativo del hecho es que algunos de los usuarios no colaboraron con aquellos que se manifestaron contra lo que sucedía, a pesar de que también se veían afectados directamente. ¿Por qué?

Primero, presento los hechos. Todo sucedió en mi regreso a casa, en una fatídica noche caraqueña, antesala de superluna azul de sangre, pero con una nubosidad de mala suerte, como me pasa todos los días. En una misma calle, una línea de transportistas ofrece 3 rutas, entre ellas la mía. Debido al contexto venezolano actual, carente de repuestos y con hiperinflación, los transportistas prefieren utilizar la ruta de la que más provecho económico pueden obtener, lo que genera largas filas de usuarios en las otras dos rutas (entre ellas la mía). Normalmente, en mi ruta, la relación de cantidad de buses con la ruta vecina es de 3 a 1 (cuando en mi ruta llega un bus, para la ruta vecina llegan 3), lo que suele generar filas de 20 a 40 minutos de espera; pero en esa particular noche la relación cambió de 6 a 1, generando una espera mayor a 1 hora a los usuarios. El descontento con los usuarios de la ruta se acrecentó hasta impulsar una protesta espontánea -de aproximadamente 50 personas- con el cierre de la calle.

Mientras me divertía por el hecho de estar metido en una protesta espontánea (de algo me tengo que morir), observaba como algunos manifestantes llamaban a otros usuarios a ser partícipes de la protesta, quienes sencillamente ignoraban el llamado. Rápidamente fueron acusados de indiferentes.

Pero el mundo no es tan simple, y hay varios factores que pueden llevar a una persona a no actuar. Inmediatamente pensé en el "efecto espectador".

El efecto espectador es un fenómeno psicológico por el cual es menos probable que alguien intervenga en una situación de emergencia cuando hay más personas que cuando se está solo. Pero en este caso en particular, el efecto espectador se da cuando la persona analiza la situación y observa que su interacción es innecesaria dada la cantidad de personas que ya están interviniendo.

Pero también hay otros factores que pudieron incidir. Por ejemplo, en un país tan polarizado como Venezuela, los sucesos pueden ser politizados con gran facilidad. Un transeúnte me consultó el motivo de la protesta, pero se desilusionó cuando entendió que no tenía una carga política. Ese miedo a ser confundido con un manifestante político, que atraiga la atención policial y sus dolorosos derivados, es un gran muro de contención para la mayoría de las personas.

Otro hecho llamó mucho más mi atención: quienes se lanzaron a la calle fueron aquellos ubicados en las zonas medias de la fila, mientras que aquellos ubicados al principio y al final se negaron a participar.

Aquí entraría la teoría del homus económicus, donde cada persona hace un análisis del costo-beneficio de intervenir. La persona ubicada al principio se considera en una posición de privilegio con respecto al resto, por lo que retirarse podría implicar perder su posición privilegiada, la cual considera mayor que la necesidad de protestar. La persona ubicada al final, al contrario de lo que se pudiera pensar, es la menos interesada en participar. "Pero si yo acabo de llegar", es lo que respondería cualquier persona al final de la fila. No entiende del todo la situación, por lo que es incapaz de simpatizar con el resto. Además, como está al final de la fila, entiende que participar en la protesta sería perder su -desilusionante- puesto, lo que implicaría para él o ella desperdiciar más de su valioso tiempo, por lo que no valdría la pena.

Ya sé que lo estoy forzando, pero ¿Por qué no puedo extrapolar esa misma situación al resto del mundo? Por ejemplo, las mujeres son un poco más de la mitad de la población mundial, ¿Por qué no colaboran entre ellas y se apoderan del mundo? Porque existen posiciones de privilegio, nacionalidades, religiones, culturas y otras formas de dominio y poder que imposibilita la capacidad de que una mujer empatice con otra de una clase diferente a la suya, aun cuando sus problemas no sean muy diferentes.

Por otro lado, ¿Por qué la clase burguesa fue la directora de los conciertos de la revolución francesa y los procesos de independencia de América? ¿Por qué el deseo de cambio no vino de los más oprimidos (con la sola excepción de Haití) o, incluso, de los más privilegiados? Porque tal y como ocurrió con aquellos en las zonas medias de la fila del bus: la frustración es mayor cuando sabes que estás tan cerca del principio y tan cerca del final, que tu posición, aunque más privilegiada que al menos la mitad, aun no te permitirá montarte en el próximo bus, situación que se ve empeorada con un trato que se considera injusto. Por eso, aun temiendo perder su puesto en la fila, considera que vale la pena lanzarse a la calle a apurar algo que siente tan cerca, pero lejano por una injusticia.

La protesta dio resultados, por si acaso te lo preguntas.

Hay cosas que sólo me pasan a mi, y cuando me pasan algo tengo que aprender. Tras media hora de protesta, esa noche llegué muerto de cansancio a casa, pero fue divertido (de algo me tengo que morir).


PD: Un factor histórico a tener en cuenta es que, en Haití, la población negra hizo su análisis costo-beneficio: es mejor que gobiernen los negros a que gobierne el blanco que me oprime. De ahí que Haití sea el segundo país americano en independizarse (después de EE.UU). El resto de la burguesía latinoamericana tomó nota de lo sucedido en Haití y dijo: "Mejor hago la revolución antes de que lo hagan los negros y los indios".

26 de enero de 2018

Ayudar a los pobres no te hace bueno


Todavía hay gente que cree que alguien o algo es bueno sólo porque le regala dinero. Iglesias, políticos, empresas, narcotraficantes y hasta abuelos han acudido a dichas tácticas para convencer a los –literalmente– pobres ingenuos.

Más curioso todavía es que acuden en su defensa cuando uno suspira algún tipo de duda. Entonces uno va y les dice: “Si un presidente llega al poder gracias a los pobres, ¿Le conviene que deje de existir la pobreza?”, y la movida en el cerebro es tan fuerte que no quedan muy agradecidos con tu existencia.

Primer caso ejemplar: el llamado “Robin Hood Paisa”, también conocido como Pablo Escobar, quien durante los años 80 y principios de los 90 fuera el líder del poderoso Cartel de Medellín, y uno de los hombres más ricos del mundo de su tiempo, según la famosa revista Forbes. Parte de su éxito se debió a la colaboración que recibió por parte de la ciudadanía, quien vio en Escobar alguien que invertía en escuelas, canchas, parques, viviendas y, a veces, fiestas y dinero en efectivo para todos[1]. Fue alguien que supo aprovechar la vulnerabilidad de los grupos más humildes en su propio beneficio. Pero él no fue el primero ni el último.

Por la naturaleza de sus actos (como las matanzas y bombas en lugares públicos) y ante el ojo público, Escobar pudo pasar rápidamente del más amado al más odiado (en la mayor parte de Colombia). Sin embargo, la cosa se complica más cuando son actividades que no involucran sangre, al menos no tan públicamente como lo hacía Escobar.

Exactamente el mismo escenario puede ocurrir en el ámbito religioso, político y empresarial. ¿Acaso es realmente una misión religiosa buena sólo porque reparte comida y medicinas a los más necesitados? ¿La intención de “propagar la fe” no es una manera de comprar adeptos y, en consecuencia, un acto para nada desinteresado?

Otro caso ejemplar: Agnes Gonxha Bojaxhiu, también conocida como la Madre Teresa de Calcuta. Galardonada con el Premio Nobel de la Paz en 1979, muy pocos dudan de su carácter de “Santa”, con excepción de nosotros los ateos, por supuesto. La susodicha señora, es alabada por su atención hacia los más pobres. Sin embargo, la atención brindada por las Misioneras de la Caridad alrededor del mundo, ha dejado mucho que desear, dado que eran centros para alabar el dolor humano, donde no se brindaba de atención médica apropiada, a pesar ser receptores de grandes donativos, muchas de ellas muy criticadas, como las de Charles Keating, que fue encarcelado por el mayor fraude financiero en la historia de Estados Unidos hasta finales de los ochenta. Cuando Keating ingresó en prisión, lejos de devolver el dinero que le había entregado (al menos millón de dólares), la Madre Teresa intercedió ante el tribunal pidiendo misericordia. En el aspecto político, la Madre Teresa le otorgó reconocimiento, entre otros, al dictador de Haití Jean-Claude Duvalier o al régimen totalitario de Enver Hoxha, en Albania. La Madre Teresa pregonaba el culto al dolor, considerándolo como un requisito sine qua non para alcanzar a Dios. Defendía que "el mundo gana con el sufrimiento de los pobres", pero ella fue a un hospital moderno de EEUU cuando requirió cuidados paliativos. [2]

Esta señora no era ningún "Pan de Dios", pero es respetada sólo por la imagen que proyectan los medios, por su verbo y su acercamiento a los pobres, aunque ello no ha tenido un saldo muy positivo.

Ahora vamos por el lado empresarial. La compañía "Google" (ahora subsidiaria del conglomerado Alphabet), es sinónimo de algo "cool" e innovador. Google ha hecho lo imposible: ordenar el caos infinito de Internet y dar a los usuarios decenas de servicios gratuitos. Incluso, muchos darían casi la vida por trabajar en esas idílicas oficinas de Mountain View, California, en el llamado Googleplex, donde más de 15.000 empleados se mueven en patinete o Segway y disponen, casi siempre de forma gratuita, de comida de los cinco continentes, zonas de juegos, piscina o guardería. Es lo más parecido a un patio de recreo para adultos. De hecho, este mismo blog se encuentra alojado en la plataforma Blogger, comprada por Google en el 2003.

SIN EMBARGO, quizá no mostrarían tanto entusiasmo si supieran cómo funciona, cómo recopila información y cómo gana dinero. Google ha crecido tanto que su hegemonía en los sectores de la información, la búsqueda y la publicidad lo convierten en una potencia mundial incontrolada. La empresa actúa como el mayor registrador de datos que el mundo ha conocido, y recuerda al Gran Hermano del que hablaba George Orwell en su libro "1984". De hecho, Google estuvo entre las empresas involucradas  en el programa de vigilancia mundial electrónica de alto secreto (Top Secret) PRISM, a cargo de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de los Estados Unidos, según los informes y documentos filtrados por el ex empleado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) y la NSA, Edward Snowden en junio de 2013. Además, la situación de dominio con la que cuenta Google en internet la ha hecho caer en prácticas predatorias o competencia desleal en el ámbito comercial. En el año 2017, la Comisión Europea (CE) impuso  a Google una multa de 2.420 millones de euros, la mayor hasta ese momento contra una sola compañía, por "abusar de su posición dominante" como motor de búsquedas en internet al dar ventajas "ilegales" a su servicio de comparación de compras on line[3].

En el ámbito político, pocos líderes latinoamericanos generan tantas opiniones encontradas como el argentino Juan Domingo Perón, quizás con la excepción de Hugo Chávez. Perón gobernaría la Argentina en 3 oportunidades, a partir de los años '40 hasta los '70. El foco principal de su Gobierno -al menos en su primer gobierno-, fue el aumento exorbitante del gasto público y las políticas de redistribución propias del Estado de Bienestar (según las teorías del keynesianismo) que reinó en el mundo después de la II Guerra Mundial.

Entre las acciones más destacadas se encuentra la creación del Ministerio de Trabajo y Previsión Social y la Fundación Eva Perón, una amplia redistribución de la riqueza a favor de los sectores más postergados, el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres, una política económica que impulsó la industrialización y la nacionalización de sectores básicos de la economía y una política exterior de alianzas sudamericanas apoyadas en el principio de la tercera posición. Todo ello, aunado a los discursos a favor de los más pobres (especialmente los de Evita Perón), los convertiría en los abanderados de los pobres.

Sin embargo, lo que no se cuenta de Perón es que él sentía agrado por la ideología nacional-socialista (nazismo) y el fascismo de Mussolini. De hecho, Perón había estado en la Italia de Mussolini como agregado militar y cuando volvió a la Argentina habló de Mussolini –y también de Hitler– con gran entusiasmo y admiración[4]. Inclusive, fue Secretario de Trabajo y Previsión de un gobierno que llegaría al poder tras un golpe de Estado que tenía intención de apoyar a Alemania en la II Guerra Mundial[5]. Muy pocos recuerdan que Perón estuvo tras el traslado organizado de criminales nazis de Europa a la Argentina después de la II Guerra Mundial, lo cual es uno de los capítulos más oscuros y tabuizados de la historia argentina.

Para más dolor de la izquierda latinoamericana que aún se atreve a defenderlo, a pesar de haber nacionalizado la industria petrolera, el presidente Perón entregaría la soberanía nacional a las petroleras estadounidenses. Perón, poco antes de ser derrocado, cerró un acuerdo con la Compañía California Argentina de Petróleo, subsidiaria de la Standard Oil de California, en cuyo directorio figuraba Spruille Braden. El contrato fue firmado el 25 de abril de 1955, con enormes ventajas para la compañía norteamericana. La concesión se otorgaba por 40 años y la empresa se comprometía a producir 200 barriles diarios, entregarle al Estado el 50% de sus utilidades y venderle a YPF la producción al precio de Texas. Por su parte, el gobierno otorgaba exenciones impositivas, el derecho de importar libremente todos los bienes que considerara necesarios, e YPF se comprometía a realizar las costosas tareas de exploración y aportar la información disponible[6].

En fin, estos apenas serían apenas algunos ejemplos de cómo una persona que "ayuda" a los pobres no es necesariamente una persona ejemplar, lo que tampoco quiere decir que una persona solidaria sea un ser malvado. Todos ellos han sido seres venerados, incluyendo Pablo Escobar, a quien le montaban altares con su imagen. De hecho, habría mucho que analizar que significa realmente "ayudar". El mismo Marx señalaba que la intención del socialismo no es ayudar a los menos favorecidos, sino abolir de una vez por todas las clases sociales. La idea no es que el pobre permanezca pobre por siempre.
El proletariado "no pretende una distribución más equitativa de los beneficios, sino la abolición de la ley del valor, la subordinación de la producción a las necesidades humanas: «De cada cual según su capacidad; a cada cual según su necesidad».". Karl Marx
Notas:

  1. "Un Robin Hood paisa’: El primer artículo sobre Pablo Escobar". Disponible por: http://www.semana.com/nacion/articulo/un-robin-hood-paisa-el-primer-articulo-sobre-pablo-escobar/258650-3
  2. "El lado oscuro de la madre Teresa del que no responde el Vaticano". Disponible por: http://www.publico.es/sociedad/lado-oscuro-madre-teresa-del.html
  3. "Google recibió una multa récord por competencia desleal". Disponible por: https://www.eldiariodelarepublica.com/nota/2017-6-27-15-33-0-google-recibio-una-multa-record-por-competencia-desleal
  4. "Perón y los nazis: una fraternal relación". Disponible por: http://www.dw.com/es/per%C3%B3n-y-los-nazis-una-fraternal-relaci%C3%B3n/a-2541762-0
  5. Lo mucho de malo que tuvo Perón se ha ido olvidando con el tiempo”. Disponible por: https://es.panampost.com/belen-marty/2015/05/14/mucho-de-lo-malo-de-peron-se-ha-idoocultando-con-el-tiempo/
  6. "Cooke sobre los contratos petroleros del gobierno de Perón". Disponible por: https://www.elhistoriador.com.ar/frases/revolucion_libertadora/cooke_sobre_los_contratos_petroleros_del_gobierno_de_peron.php

21 de enero de 2018

1º Concurso de Socialdemencia

Por alguna razón no puedo hacer que la gente me siga en Instagram y en Twitter, así que he acudido a una medida radical e innovadora... ¿Se nota que estoy desesperado?

Por si acaso se lo preguntan: Sí, me divierto mucho.

31 de diciembre de 2017

"Odio el año nuevo" por Antonio Gramsci


Resulta curioso aquellos que tratan la celebración del año nuevo como si fuera una especie de exorcismo de los pasados 365 días. No me atrevo a decirles que es tan sólo un cambio de calendario.

Se suele pensar que este ritual -casi pagano- de transición, evoca al cierre de un ciclo y el inicio de uno nuevo. Sin embargo, la idea de los ciclos es, realmente, una negación de la historia: La creencia de que soy libre del pasado sólo por cambiar un número en el calendario. No. La historia continúa y las metidas de pata de ayer tenemos que enmendarlas hoy. Empieza de cero el que nace, el resto sólo podemos reinventarnos, y eso se puede hacer todos los días, y no una vez al año. Si tanto les gustan  los ciclos, entonces hagan ciclos todos los días.

Otros ven la celebración del año nuevo como una excusa para "liberarse" (del estrés de la horrible vida "normal") y hasta para ser solidario para con tod@s. Y aunque no estoy en contra de soltarse y, menos aún, de mostrarse solidario hacia los demás, lo malo es hacerlo sólo en fechas específicas, lo cual en realidad demuestra la poca libertad que tenemos como seres humanos, de que necesitamos días-excusas para ser lo que somos o quisiéramos ser.

Tristemente -para mi-, este pensamiento no es nada nuevo. Ya algo parecido habría dicho un marxista muy reconocido, Antonio Gramsci, hace 100 años. Por supuesto, dejaré su artículo al final de mis comentarios, pero no sin antes citar la siguiente frase: "Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor."
Odio il Capodanno

Cada mañana, cuando me despierto otra vez bajo el manto del cielo, siento que es para mí año nuevo. De ahí que odie esos año-nuevos de fecha fija que convierten la vida y el espíritu humano en un asunto comercial con sus consumos y su balance y previsión de gastos e ingresos de la vieja y nueva gestión.

Estos balances hacen perder el sentido de continuidad de la vida y del espíritu. Se acaba creyendo que de verdad entre un año y otro hay una solución de continuidad y que empieza una nueva historia, y se hacen buenos propósitos y se lamentan los despropósitos, etc., etc. Es un mal propio de las fechas. Dicen que la cronología es la osamenta de la historia; puede ser. Pero también conviene reconocer que son cuatro o cinco las fechas fundamentales, que toda persona tiene bien presente en su cerebro, que han representado malas pasadas. También están los año-nuevos. El año nuevo de la historia romana, o el de la Edad Media, o el de la Edad Moderna. Y se han vuelto tan presentes que a veces nos sorprendemos a nosotros mismos pensando que la vida en Italia empezó en el año 752, y que 1192 y 1490 son como unas montañas que la humanidad superó de repente para encontrarse en un nuevo mundo, para entrar en una nueva vida.

Así la fecha se convierte en una molestia, un parapeto que impide ver que la historia sigue desarrollándose siguiendo una misma línea fundamental, sin bruscas paradas, como cuando en el cinematógrafo se rompe la película y se da un intervalo de luz cegadora.

Por eso odio el año nuevo. Quiero que cada mañana sea para mi año nuevo. Cada día quiero echar cuentas conmigo mismo, y renovarme cada día. Ningún día previamente establecido para el descanso. Las paradas las escojo yo mismo, cuando me siente borracho de vida intensa y quiera sumergirme en la animalidad para regresar con más vigor.

Ningún disfraz espiritual. Cada hora de mi vida quisiera que fuera nueva, aunque ligada a las pasadas. Ningún día de jolgorio en verso obligado, colectivo, a compartir con extraños que no me interesan. Porque han festejado los nombres de nuestros abuelos, etc., ¿deberíamos también nosotros querer festejar? Todo esto da náuseas.

Espero el socialismo también por esta razón. Porque arrojará al estercolero todas estas fechas que ya no tienen ninguna resonancia en nuestro espíritu, y si el socialismo crea nuevas fechas, al menos serán las nuestras y no aquellas que debemos aceptar sin beneficio de inventario de nuestros necios antepasados.

Antonio Gramsci, Turín, 1º de enero de 1916.
* Tomado del Libro “Bajo la Mole - Fragmentos de Civilización”, de Antonio Gramsci. Editorial Sequitur, Págs. 9-10.
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