La Historia de la Humanidad
es la historia de la estupidez Humana.

27 de septiembre de 2014

Experimento de Tolerancia: 2da parte

Hace 2 años hice un experimento con los seguidores de Socialdemencia en Facebook (Véase aquí). Éste consistía en denotar el comportamiento de las personas ante las creencias ajenas, sobre todo entre creyentes, agnósticos y ateos. Bueno, lo volví a hacer y los resultados no fueron para nada sorprendentes.

Repetí exactamente las mismas publicaciones que hace 2 años atrás, he incluí algunas nuevas.

Como la vez anterior, empecé con las ideas ateas. La idea era denotar la respuesta de los creyentes ante la más simple expresión atea: "Dios no existe".

En total esta publicación recibió 89 comentarios (hasta el día en que se escribieron estas palabras), entre los cuales hay expresiones de apoyo, de desagrado, de cuestionamiento y, por supuesto, de burlas. Una acusación común era la de ser poseedor de la verdad absoluta, lo cual es irónico, porque quien cree en Dios se reconoce como poseedor de la verdad absoluta. Es increíble que una expresión tan simple, "Dios no existe", genere tanta polémica, dado que no es muy diferente a decir "Santa Claus no existe" o "Los fantasmas no existen". Los ateos también somos seres humanos, y como tales, tenemos tanto derecho de expresar nuestras ideas como los creyentes. Pedirle a un ateo que no exprese sus creencias es tan absurdo como que yo vaya a una iglesia y le pida al cura que no exprese sus creencias porque yo soy ateo y me ofendo fácilmente.

6 de septiembre de 2014

Juguemos un juego: Crisis de la mediana edad


A veces me pregunto si soy una mala persona. Sufro de una imperiosa necesidad de molestar a mis contemporáne@s preocupad@s por su edad. Un día le dije a una de ellas:
- Juguemos un juego. La esperanza de vida entre 1980 y 1990 en América Latina -le explique- tiene un promedio, a lo mucho, de 70 años. Es decir, desde el punto de vista estadístico, la verdadera mediana edad es de 35 y no 40 años como se cree...
Hice una pausa para que entendiera el punto.
- Disfruta el juego.- finalicé.

Quizás si soy una mala persona, pero ese no es el punto de hoy. Me divierte mucho la gente obsesionada con la juventud, la cual es una obsesión principalmente de la cultura occidental, cosa que no es está muy acentuada en la cultura oriental que tiene un mayor respeto por las personas mayores.

Pero esta obsesión no tiene una justificación en los hechos, porque los jóvenes no son los que tienen las mejores oportunidades hoy en día. A los 20 años, se es muy joven, poco experimentado, por lo que tu opinión vale poco, y ni hablemos en cuanto a las oportunidades laborales. También, a los 20 años eres muy viejo para hacer lo que hacías de niño, y se te empuja a una independencia que no es nada fácil de lograr. Así que la única ventaja de ser joven es tener mucha energía y salud (en caso de tenerlas). La juventud es una cosa tan efímera, que alardear de juventud es como alardear de atrapar un pedo con las manos.

Pero este temor al tiempo tiene algo más que el temor a la cada vez más cercana muerte. "Se me va el tren" es la clásica expresión del temor a llegar a una edad mayor de 30 años sin cumplir con los máximos preceptos de la sociedad: casarse y tener hijos. Evidentemente, por cuestiones machistas, esto afecta más a las mujeres que a los hombres. Las mujeres que sienten terrible pánico a este asunto son precisamente aquellas que se han tragado el cuento de que el rol de la mujer es casarse, tener hijos y cuidarlos. Eso no quiere decir que la mujer que quiera tener hijos sea una tonta, sino que hay mujeres que prefieren esperar o que sencillamente no quieren tenerlos y por eso no son menos mujeres. Hay mucha presión social, mis contemporáneos vemos que muchos amigos y amigas se están empezando a casar y tener hijos, algun@s no saben como manejarlo y caen en la sucesiva depresión. Lo importante es entender que para subirse al tren hay que saber primero a que dirección va y pagar el pasaje, porque no todos los trenes nos llevan a donde queremos...

En lo personal no siento ninguna afinidad por la eterna juventud. Aunque soy jóven por fuera, ya yo me siento muy viejo por dentro. Tengo 26 (casi 27), me siento de 46 y vivo como uno de 16.

Decía George Bernard Shaw: "La juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo". 
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